Por qué nuestros "fracasos" son nuestro mejor activo
Lo que una banda de post-hardcore y metalcore, una agencia digital muerta y Big Tech tienen en común.
Toqué en una banda de post-hardcore y metalcore durante cinco años. Abrí una agencia de marketing a los 24. Hoy trabajo en una de las empresas de tecnología más grandes del mundo. Ninguna de esas experiencias salió como la planeé. Las tres me dieron más de lo que esperaba — solo que no de la forma que imaginé.
Si alguna vez invertiste tiempo, energía y capital en algo que “no funcionó” — un negocio, un proyecto creativo, una carrera que cambió de dirección — probablemente conoces la sensación. Algo entre culpa y confusión. Como si hubieras hecho todo mal.
Este artículo es sobre lo que pasa cuando dejas de ver esas experiencias como fracasos y empiezas a verlas como lo que realmente son: acumulación de aprendizaje.
La banda
En 2010 yo tenía 15 años y vivía en el sureste mexicano (Chetumal, Q.Roo). Escuchaba Deftones, AFI, Linkin Park, Alesana, Underoath, My Chemical Romance, Panic! at the Disco, Silverstein, PXNDX. Esa música no era un género — era la forma en que procesaba el mundo.
Ese año formamos Have Become Stars. Post-hardcore y metalcore en español. Empecé tocando el bajo porque quería sacar energía sin comprometerme demasiado y ese genero ocupada más guía que creación de ese instrumento. Pasé por la batería. Pero lo que realmente me jalaba era escribir. Las letras eran mi territorio. Cuando el vocalista anterior se fue, agarré el micrófono casi por accidente — y descubrí que eso era lo mío.
Lanzamos nuestro primer álbum en 2011. El segundo, Siglo del Caos, en 2013. Ese mismo año hicimos nuestro único tour: Guadalajara, Pachuca, Ciudad de México, Estado de México, Guanajuato, Celaya, Querétaro, Hidalgo, Mérida, Chetumal, Valladolid, Cozumel, etc. Yo todavía era menor de edad. Lanzamos sencillos hasta 2015. Los compañeros siguieron con material en 2017 y 2018. Intentamos un regreso digital juntos en 2021. No pegó. La conversación entre nosotros sigue viva, pero la escena ya era otra.
Claro que cometimos errores — no teníamos idea de cómo funciona un negocio musical, no pensábamos en audiencia como activo, y dependíamos de una escena local que podía desaparecer. Spotify existía pero era nicho, YouTube estaba arrancando — nos sirvieron para llegar a otros lugares, pero no teníamos el conocimiento de negocio para capitalizarlos. Sabíamos tocar y escribir. No sabíamos distribuir ni monetizar.
Pero no fue solo eso. El ecosistema entero se movió. Entre 2010 y 2014, las bandas grandes del género mutaron — Bring Me the Horizon dejó el metalcore por pop rock, Asking Alexandria suavizó su sonido buscando radio. El streaming reconfiguró la industria — los algoritmos favorecen lo repetible, lo corto, lo bailable. Y el reggaetón y el hip-hop se convirtieron en la infraestructura cultural dominante, con la música latina en streaming creciendo 142% entre 2021 y 2023.
La lección no fue sobre música. Fue sobre aprender a separar lo que controlamos de lo que no — y ser honestos sobre ambas cosas.
El patrón
Después de la música, terminé mi maestría en relaciones públicas y publicidad, trabajé en marketing automation, y a los 24 renuncié para abrir una agencia: Acelerara Consultores. Mi primera hija venía en camino. Necesitaba estabilidad. Mis clientes eran clínicas, hospitales, escuelas y bufetes de abogados. Negocios reales.
Llegó la pandemia. Esos clientes recortaron gastos. Pero más allá del COVID, el mercado se transformó. Canva apareció. Los tutoriales de Facebook Ads se multiplicaron. Lo que antes requería una agencia, ahora lo hacía alguien con un curso online y ganas. El costo de ejecutar lo que yo vendía se desplomó.
Y luego vino Google. Entré en 2019 por new business, y migré a partnerships. Me formé en una de las empresas desde las que siempre quise operar.
A los 30, el inventario era: tres experiencias en tres industrias distintas, y la misma pregunta en cada una. ¿Hice lo suficiente? ¿Debí haber empezado antes? ¿Por qué siento que siempre estoy un paso atrás?
Esa pregunta es una trampa. Porque esconde lo que realmente pasó.
Lo que realmente queda
Cuando analizas el patrón sin el drama, lo que encuentras no es una colección de fracasos. Es acumulación.
La banda me enseñó distribución. Producir y escribir contenido, coordinar varias personas con egos y agendas distintas, planear un tour con cero presupuesto, escribir material que conectara emocionalmente con una audiencia. Eso no se deprecia.
La agencia me enseñó sobre comoditización. Vi en tiempo real cómo un servicio “premium” se abarata cuando las herramientas se democratizan. Aprendí a operar, vender y cerrar. También aprendí que si tu negocio depende de que tus clientes no sepan hacer algo, el día que aprendan se acabó tu diferencial.
Google me está enseñando escala. Cómo funciona la demanda y la oferta de un negocio digital. El negocio de medios y entretenimiento. La industria de noticias y clasificados. Fintech. Los economics de ecommerce. Cómo operan las empresas que mueven industrias enteras.
Cada experiencia dejó un filtro. Ahora sé qué NO funciona en tres industrias distintas — y esa información es algo que no tienes si solo conoces una.
Tim Ferriss lo llama “skill stacking”: las habilidades más valiosas no son las más profundas en un solo campo, sino las combinaciones inusuales que nadie más tiene. Alguien que sabe de música, marketing Y operaciones tech a escala no es común. Y lo que parece un CV desordenado es en realidad un stack de contexto que se acumula.
Practicante > teórico
Alex Hormozi hizo una distinción en Diary of a CEO que me pegó: hay tres tipos de creadores — el entretenedor, el educador y el practicante. El entretenedor genera views que no se convierten en nada. El educador genera confianza. Pero el que construye algo duradero es el practicante que educa — alguien que hace lo que enseña y lo documenta en tiempo real.
Hormozi lo comprobó con sus propios datos: cuando hizo contenido de entretenimiento, su audiencia creció pero sus ingresos no. Cuando regresó a contenido 100% práctico, todo cambió. Tenía 2,000 suscriptores en 2021. Hoy su último libro rompió el récord Guinness.
Esto aplica más allá del contenido. En cualquier industria, el que opera desde la experiencia real tiene una ventaja sobre el que solo teoriza. Y nuestros “fracasos” son exactamente lo que nos convierte en practicantes: no hablamos de lo que leímos, hablamos de lo que vivimos.
Lo que el metalcore me enseñó sobre negocios
En 2022 se lanzó el festival When We Were Young en Las Vegas. My Chemical Romance, Paramore, Fall Out Boy, AFI — las mismas bandas que “desaparecieron” entre 2010 y 2015. Boletos a más de $200 dólares. Sold out en horas.
La generación que escuchaba esa música ahora tiene entre 30 y 40 años. Tiene dinero. Y está dispuesta a pagar por reconectarse con lo que fueron.
El post-hardcore y el metalcore no murieron. Se transformaron. Y las bandas que sobrevivieron no fueron las más talentosas — fueron las que diversificaron. Mike Shinoda no se quedó en Linkin Park: produjo, diseñó, dirigió, lanzó Fort Minor, creó su propio sello. Trent Reznor quemó su contrato con la disquera, regaló música gratis en internet, y terminó ganando un Oscar. Gerard Way creó The Umbrella Academy como cómic, Netflix lo adaptó, y él cobra regalías como productor ejecutivo. No dependieron de un solo formato ni de una sola industria. Construyeron identidad más allá de un solo proyecto.
Eso es lo que estoy intentando hacer ahora. Lo que escribía como letras de canciones hoy lo estoy convirtiendo en artículos y ensayos sobre carrera, ejecución y decisiones reales. El formato cambió. La intención de conectar con una audiencia a través de palabras no. Estoy apostando a que la misma energía que ponía en un breakdown la puedo poner en un framework. Todavía no sé si funciona. Pero estoy publicando.
Para los que reconocen el patrón
Si alguna vez sentiste que tus mejores años ya pasaron, o que deberías haber empezado antes, o que otros llevan ventaja — considera esto.
Derek Sivers fundó CD Baby, la vendió por $22 millones, donó casi todo, y se dedicó a escribir libros de 100 páginas sobre decisiones. Su framework “Hell Yes or No” nació de años de supuestos fracasos y cambios de dirección. Gary Vaynerchuk pasó cinco años haciendo 1,000 episodios de Wine Library TV antes de que alguien le hiciera caso. Bartlett empezó Diary of a CEO con 40 listeners. Ninguno llegó “temprano” a nada. Todos llegaron con contexto que nadie más tenía.
Lo que aprendí de la música, de la agencia y de operar dentro de Big Tech es esto: es válido seguir creando, pero hay que evolucionar. La clave no es empezar primero — es aguantar, ser honestos con lo que no funcionó, y tener los ojos abiertos para reconocer cuándo lo que acumulamos empieza a tener sentido.
Si el patrón de tu vida se parece al mío — si cada experiencia te dejó con más cicatrices y más herramientas de las que tenías antes — eso que llamas fracaso es tu mejor activo.
Lo que se acumula no se pierde. Se transforma.
Te comparto mi álbum solista: una cápsula del tiempo que estuvo enterrada por más de una década y que hoy vuelve a ver la luz. Disponible después de 11 años de espera.


