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Ahora, de que va todo esto:
He estado un poco más callado por aquí.
Parte de la razón es bastante sencilla: acabo de ser papá otra vez.
Y entre dormir menos, pensar más, estar mucho tiempo en casa y vivir uno de esos periodos donde todo parece estar ocurriendo al mismo tiempo, empecé a escribir distinto.
Menos análisis. Menos estrategia.
Más cosas que probablemente no tenían lugar en un post sobre monetización, tecnología o internet.
Frases.
Ideas.
Pedazos de conversaciones.
Cosas que me daban miedo.
Cosas que me daban nostalgia.
Cosas que no sabía muy bien cómo explicar.
Y en algún momento esas cosas terminaron convirtiéndose en canciones.
Yo ya hacía música antes de que una máquina pudiera hacerla conmigo
Esto importa un poco para explicar por qué terminé cayendo en este agujero.
Hice música durante muchos años.
Canté/Grité en una banda.
Escribí canciones.
Grabé voces.
Pasé horas en cuartos de ensayo, estudios y escenarios.
A lo largo de mi vida he grabado más de 30 canciones de una forma u otra en un estudio.
Después dejé de hacerlo con tanta frecuencia.
La vida adulta hizo lo suyo.
Trabajo.
Familia.
Responsabilidades.
Otros proyectos.
Pero nunca dejé completamente de escribir.
Y durante estos últimos meses empecé a tener otra vez muchas ganas de convertir algunas de esas ideas en música.
El problema era que ya no tenía una banda esperando en un cuarto de ensayo.
Tenía una computadora.
Y tenía curiosidad.
Entonces empecé a jugar con Suno
Primero como juega casi todo el mundo con estas cosas.
Pones una instrucción.
Generas algo.
Te ríes.
Cambias dos palabras.
Generas otra cosa.
Y de repente llevas dos horas.
Pero después me empezó a interesar algo distinto.
No quería pedirle simplemente a una máquina:
“hazme una canción triste”.
Quería saber qué pasaba si utilizaba la herramienta casi como utilizaría músicos, instrumentos o un estudio.
Yo escribía.
Yo definía el concepto.
Yo decidía qué partes servían.
Qué partes no.
Qué emoción quería.
Qué referencias musicales tenía en la cabeza.
Qué palabras quería cambiar.
Qué estructura funcionaba.
Y empecé a experimentar con Suno para crear una versión de mi propia voz.
Ahí fue cuando la cosa se puso rara.
Porque escuché algo que no era exactamente yo.
Pero tampoco era completamente otra persona.
Era una especie de versión digital de algo que yo llevaba años haciendo.
Y eso me dio suficiente curiosidad como para seguir.
Una canción se convirtió en otra.
Luego otra.
Y eventualmente me di cuenta de que estaba haciendo un disco como en los viejos tiempos.
robot.emocional.
El primer resultado de todo esto se llama robot.emocional.
Es un conjunto de canciones que nacieron de cosas que he estado escribiendo durante estos meses.
Paternidad.
Ansiedad.
Nostalgia.
Trabajo.
Internet.
El paso del tiempo.
La sensación extraña de ser una persona adulta con responsabilidades bastante serias mientras una parte de tu cerebro sigue viviendo en algún lugar entre MySpace, discos de post-hardcore y conversaciones a las dos de la mañana.
Las letras y los sentimientos de este disco son 100% míos.
La ejecución es otra cosa.
Ahí existe una colaboración extraña entre mis decisiones y herramientas generativas.
Por eso decidí separar mentalmente las dos cosas.
Luis Alpuche es donde vive la música que he grabado humanamente y estará esto.
Puedes ver esta recuperación de grabaciones que antes tenía a nombre “RoyalsMX”, que fue un experimento en su momento. Ese disco ahora se llama Protocolo Cronostasis.
No quise crear otro artista para separar esta música.
Todo va a vivir bajo Luis Alpuche en Spotify, Apple Music,YouTube Music, etc.
La diferencia va a estar en el lenguaje visual y en la forma de nombrar las cosas.
Cuando un lanzamiento aparezca escrito en minúsculas y con puntos —como robot.emocional.— significa que forma parte de esta faceta de música creada con asistencia de herramientas generativas.
Es, de alguna manera, mi lenguaje de internet para distinguir esa parte del proyecto.
Lo que no tenga ese código pertenece a la música que hago de la forma en la que siempre la hice: escribiendo, grabando, tocando y trabajando con otras personas.
No quiero esconder que hay inteligencia artificial involucrada.
Más bien al contrario.
Quiero que se entienda desde la propia identidad del lanzamiento, sin tener que inventar un alter ego para justificarlo.
Porque tampoco quiero fingir que hacer robot.emocional. fue exactamente lo mismo que entrar a un estudio con una banda.
No lo fue.
Pero las ideas, las letras, las decisiones y aquello que quería decir sí vienen del mismo lugar.
De mí.
Tampoco sé exactamente qué va a pasar con esto
Puede que robot.emocional. sea el comienzo de algo.
Puede que dentro de unos meses tenga más canciones, videos y una identidad completa alrededor de este experimento.
O puede que simplemente haya sido una manera increíblemente entretenida de pasar el tiempo libre unos meses extraños de mi vida.
Las dos posibilidades me parecen bien.
Creo que parte de lo divertido es precisamente no saber todavía qué es.
Y también sé que las reacciones pueden ser muy diferentes.
Puede haber gente a la que genuinamente le guste.
Gente que piense que es interesante pero extraña.
Gente escéptica.
Músicos a los que les moleste.
Y probablemente alguna persona que directamente piense que esto es ofensivo para la idea misma de hacer música.
Lo entiendo.
Yo mismo no tengo completamente resuelta mi opinión al respecto.
También empecé a pensar en imágenes
La música inevitablemente empezó a generar imágenes en mi cabeza.
Así que ahora estoy cayendo en otro agujero.
Estoy empezando a jugar con herramientas como Flow de Google, Neural Frames, Rotor Videos y otras plataformas de video generativo.
Pero tampoco quiero hacer necesariamente “videos de inteligencia artificial” en el sentido más obvio.
Me imagino algo más ambiental.
Más cercano a fotografía en movimiento.
Arquitectura, agua, habitaciones, carreteras, reflejos, cuerpos entrando y saliendo de cuadro.
Quizá algunas personas.
Quizá alguna escena cantando.
Pero más atmósfera que videoclip tradicional.
Me interesa ver qué pasa cuando puedo combinar tecnología nueva con cosas que llevo haciendo desde hace mucho tiempo.
Escribir.
Hacer música.
Construir imágenes alrededor de lo que siento.
Ejemplos de lo que voy cocinando.
Les va del más parecido al menos parecido jaja.
Entonces… ¿esto es arte?
No tengo idea.
Y esa probablemente sea la parte que más me interesa de todo el experimento.
¿Importa qué porcentaje hizo una máquina si la intención, la selección, las decisiones y aquello que intenta expresar vienen de una persona?
¿Cambia algo si quien utiliza la herramienta ya sabía cantar, escribir o hacer música antes?
¿Dónde está la frontera entre usar una herramienta y delegar aquello que consideramos esencial para crear?
No tengo todavía una respuesta que defender.
Y creo que eso es precisamente lo interesante.
Estamos entrando en un momento donde muchas de esas fronteras se van a volver bastante difíciles de explicar.
Yo prefiero explorarlas haciendo cosas que discutirlas únicamente en abstracto.
Así que hice un disco como antes.
Por ahora, les dejo robot.emocional.
Escúchenlo.
Y díganme qué sienten.
Incluso si la reacción es:
“Qué horror que esto esté tan bueno.”
O:
“Esto no debería existir.”
Las dos me parecen respuestas bastante interesantes.
Y si hay interés, probablemente use el siguiente post para alguna de estas cosas:
compartir qué aprendí usando Suno y algunos tips/tricks que me funcionaron,
o enseñar un poco de lo que estoy aprendiendo mientras intento construir la parte visual del proyecto.
Porque, por ahora, sigo sin saber exactamente qué hice.
Pero hacía mucho tiempo que no me divertía tanto averiguándolo.
Ahora, ¿Guardas el Albúm y le das una prueba?
Trece canciones para explicar lo que no sabía explicar de otra forma
Si quieren entrar al disco sabiendo un poco de dónde viene cada canción, esta es probablemente la mejor guía que puedo dar sin explicar demasiado.
Trece canciones para explicar lo que no sabía explicar de otra forma
Si quieren entrar al disco sabiendo un poco de dónde viene cada canción, esta es probablemente la mejor guía que puedo dar sin explicar demasiado.
1. Me vendieron la marea
Sobre esa idea de que siempre hay que ir más lejos, empezar de nuevo, perseguir otro horizonte. Y sobre descubrir que libertad y distancia no necesariamente son la misma cosa.
2. Habitar ésta
Una canción sobre dejar de observar tu propia vida desde afuera. Dejar de analizarla, optimizarla y pedirle explicaciones a todo para, simplemente, estar aquí.
3. Arquitectura del peso propio
Hay cosas que nos toca cargar y otras que fuimos recogiendo por el camino sin saber por qué. No se trata necesariamente de estar curado. A veces basta con descubrir qué peso sí es tuyo.
4. Inventarios (Todo en orden)
Puedes tener las cuentas, los objetos, el trabajo y la casa en orden y aun así preguntarte dónde quedó tu tiempo. Una canción sobre acumular cosas mientras intentas no perderte a ti mismo.
5. Déjalas correr
Por todas las vidas que pudiste haber vivido. Las ciudades donde no viviste, las decisiones que no tomaste y las versiones de ti que nunca existieron. Y por aprender a dejarlas ir para poder elegir ésta. Inspirada en La biblioteca de la medianoche y El tren de la medianoche, de Matt Haig.
6. Después del incendio
Sobre confundir intensidad con amor, caos con profundidad y placer con sentirse queridos.
7. Materia oscura
La canción de amor del disco. O de atracción. O de gravedad. Sobre cómo algunas personas entran en tu vida y, sin tocar nada, cambian la órbita de todo lo demás.
8. Aquí seguimos
El amor después de que deja de parecerse al principio. Después de los años, las rutinas, las pérdidas, la distancia y las versiones anteriores de nosotros mismos. No como antes. Pero aquí.
9. Ninguna parte
Sobre correr, producir, comprar, crecer y llegar primero… sin detenernos demasiado a preguntar hacia dónde. Una pequeña celebración absurda de nuestra capacidad para optimizar el camino a ninguna parte.
10. Protocolo de falla
Ansiedad, productividad y un cuerpo que un día decide no seguir las instrucciones. Tal vez la alarma no está rota. Tal vez lleva tiempo intentando avisarnos que algo más sí lo está.
11. Mismo lodo
Sobre clase, estatus, acentos, jerarquías y las pequeñas ficciones que usamos para sentirnos más lejos unos de otros. Al final, todos estamos parados sobre el mismo suelo.
12. Inteligencia Artificial: 100 manos más
Probablemente la canción más directamente relacionada con el experimento que produjo este disco. No sobre competir contra una máquina, sino sobre preguntarme qué puedo hacer yo si de pronto tengo cien manos más.
13. A la medida
Sobre amar muchísimo y aun así sentir que, algunos días, ese amor te queda enorme. Cansancio, responsabilidad y el miedo silencioso de no estar a la altura de las personas que más quieres.
robot.emocional.
Esas son las trece.
No escribí este disco intentando construir una tesis sobre inteligencia artificial.
Lo escribí porque tenía cosas que quería decir.
La IA apareció después, como una forma extraña de conseguir instrumentos, voces, texturas y posibilidades que hace unos meses no tenía disponibles.
Por eso tampoco me interesa demasiado convencer a nadie de qué debería sentir al respecto.
Prefiero que lo escuchen.
robot.emocional. sale hoy, 28 de septiembre bajo Luis Alpuche en tu plataforma favorita.
Si alguna canción les pega, les incomoda, les recuerda algo o simplemente les hace pensar “no jodas, ¿esto lo hizo con IA?”, mándenmela.
Quiero saber cuál.
Y si después de escucharlo seguimos sin ponernos de acuerdo sobre si esto es un disco, un experimento, arte, trampa o simplemente otra forma de hacer música…
mejor todavía.
Escucha robot.emocional. y dime qué canción se quedó contigo.





Wow, qué interesante! Diría que está surgiendo otro tipo de arte: cyberarte? No sé. Yo creo que depende de los inputs que metamos. Si algo se hace con esmero, incluso con ayuda de IA, se nota.