Crecimos Creyendo Que el Cariño Se Gana. No Es Cierto.
Sobre la costumbre de justificar el cariño, y la posibilidad de desaprenderla.
Crecemos aprendiendo que todo debe servir para algo.
Que el tiempo tiene precio, que el pan se gana, que una tarde sin propósito es una tarde perdida.
No es crueldad, es costumbre. Así se aprende a querer cuando querer significa ser útil: proveer, resolver, llegar a tiempo, poner comida en la mesa y techo sobre la cabeza.
Y cumplimos. Cumplimos tan bien que olvidamos que también se vale sentarse sin motivo, cocinar sin hambre, comprar el globo sin que sea cumpleaños, quedarse un rato más solo porque el momento lo pedía.
No es que no quisiéramos. Es que no venía en el manual. Y lo que no conoces, no sabes que puedes darlo.
Pero existe otra forma.
Se puede aprender tarde que desperdiciar una hora juntos es la inversión más seria que existe. Que hay un lenguaje anterior a la razón donde dar no necesita recibo, donde estar no necesita destino, y donde el único porqué es que estás aquí y eso siempre fue suficiente.
No hace falta corregir a nadie. Solo saber que la puerta está abierta, que se puede empezar de cero cualquier martes por la tarde, y que heredar una forma de querer no significa que sea la única.


